Multitudinario concierto de la Orquesta Sinfónica de Antofagasta marca hito en el Teatro Municipal de Iquique

Bajo la imponente arquitectura del Teatro Municipal de Iquique, joya que se mantiene en pie desde el apogeo del salitre en 1889, la música volvió a ser el puente que unió dos territorios marcados por la historia del Norte Grande. La Orquesta Sinfónica de Antofagasta regresó a suelo iquiqueño este sábado 29 de agosto, protagonizando un encuentro que trascendió lo artístico para convertirse en un fenómeno de identidad regional.
La velada, titulada Gala Sinfónica: Del Desierto a la Tradición Rusa, transformó el recinto en un epicentro de emoción. El público iquiqueño, que repletó las dependencias del histórico teatro, recibió a la agrupación antofagastina con una calidez que culminó en ovaciones de pie, sellando un reencuentro largamente esperado.
Para Marcos Celedón Gamboa, Director Ejecutivo de la Corporación Cultural de Antofagasta, el concierto no fue solo una presentación, sino un ejercicio de integración. Ha sido una noche mágica, donde logramos fundir la identidad de dos ciudades fundamentales para el desarrollo del país, señaló. En el marco de la Temporada Oficial 2026, que cuenta con el respaldo del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, la orquesta celebró sus 64 años de vida reafirmando su estatus de patrimonio vivo. La intención es clara: queremos construir una red cultural robusta que brinde nuevas oportunidades de desarrollo a los talentos de todo el Norte Grande, afirmó Celedón.
La propuesta musical fue una apuesta audaz que combinó la tradición universal con la creación contemporánea chilena. Bajo la batuta de su Director Titular, Christian Baeza González, la orquesta navegó por paisajes sonoros diversos, estrenando obras que dialogan con la geografía nortina. Destacaron el Poema Sinfónico: Soles y Terrales, comisionado al destacado arreglador Jorge Godoy, y la pieza Caminando el Desierto y el Mar, estampas nortinas, de la compositora residente y violonchelista Camila Leal.
La intensidad interpretativa de la agrupación alcanzó su cénit al abordar el repertorio ruso, interpretando con maestría Una noche en el Monte Calvo de Modest Musorsgky, la Suite Gadfly de Dmitri Shostakovich y la monumental Obertura 1812 de Piotr Ilich Tchaikovsky.
Para los músicos, la conexión con la audiencia fue el resultado más valioso de la jornada. Fue un reencuentro cargado de significado, donde los aplausos del público iquiqueño se sintieron como un genuino acto de reconocimiento y cariño mutuo, concluyó Baeza, cerrando una noche que quedará grabada como un hito en la agenda cultural de la zona norte.








